Bibliografía

 

 

Bartomeu Marí

 

Una otra forma de modernidad

Es como si el vocabulario se hubiera quedado obsoleto, o quizá fuertemente limitado. Para hablar de les formas, gestos y relatos que ha creado Federica Matta en sus pinturas, gradados, esculturas (también textiles, objetos o juguetes) deberemos equiparnos de palabras quizá no creadas todavía, quizá caídas en desuso. Porque, por una parte, la obra de Matta es narrativa y por otra altamente simbólica, mitológica. A lo largo de los años, Matta ha creado un universo de figuras, relatos y narraciones que se refieren al ámbito del mito arcaico pero que se anclan en el artificio de la conciencia de nuestro tiempo, tecnológico, universalista, ruidosamente cosmopolita y postmoderno. A contracorriente de cada uno de estos adjetivos y solidario con todos ellos, la paradoja de esta obra radica en una facultad de conciliar en plena explosión de ánimo positivista en la ciencia, las técnicas y los descubrimientos, la presencia de lo arcaico, lo mágico, desde la narración sobrenatural y de la forma lejana pero atemporal de los híbridos cálidos de un mundo pasado o por venir.

Pintura y escultura son columnas del gran edificio de las bellas artes que Occidente creó y ha cultivado como parejas al desarrollo de la modernidad. Pintura de la Historia, monumentos y conmemoraciones,… técnicas en constante perfeccionamiento para un área de lectura de la condición humana en la que es imposible verificar mejora o superación. La modernidad, el proyecto moderno en las artes visuales, la arquitectura o la música, entre otros ámbitos, intentó hacer tabula rasa con las tradiciones, irracionales, transmitidas de generación en generación. Lejos de ser incompatibles, la repetición y la invención son la savia del cambio de formas y relatos que la tradición repercute más allá de los vaivenes de los gustos. También deberemos considerar – como decía Bernard de Chartres – nuestra posición de “enanos sentados a hombros de gigantes; si vemos mejor y más lejos que ellos, no es porque tenemos una mejor vista o porque somos más altos que ellos, es porque ellos nos elevan”, como se caracterizó la supremacía del intelecto inventor frente al del reproductor.

La invención de cuentos, originales o reinterpretados de la tradición, es el motor de la obra de Federica Matta. Sus imágines y esculturas están pobladas de situaciones y seres eminentemente híbridos, mitad humanos, mitad animales. Criaturas mitológicas o imaginadas, de antigua génesis o de reciente invención, formas decorativas con motivos reconocibles de significados olvidados: líneas, puntos, curvas, olas, cráteres, hendiduras… Las pinturas y esculturas están ejecutadas con colores planos y efervescentes al mismo tiempo. Los colores saltan al ojo, lo reconfortan y lo conducen hacia superficies planas habitadas por formas y relaciones que incitan a la calma o nos someten a la inquietud. La aparente inocencia de los motivos (sirenas, reptiles, vegetales,… que se arrastran y que vuelan, que se yerguen y que se contorsionan). Estas imágines me hacen pensar en el cultivo de la imagen del animal en la historia no oficial de arte, la que no está en los libros, la que estudió Abby Warburg y la que no está sujeta a credo religioso ni a mitologías escritas.

Podemos identificar en la obra de Federica Matta una atención particular por lo humano, lo animal y lo vegetal, es decir, lo vivo. Lo inerte, el mineral, también se encuentra en movimiento, como cabellos despeinados por el viento. En el fondo, es la escultura, que adquiere dimensiones casi monumentales, la obra que mejor nos enseña esta nueva paradoja, la del movimiento capturado. Pero la escultura nos habla con más claridad de una de las principales preocupaciones de la artista. Más allá de las formas, de las decisiones estáticas, vemos una atención por el espacio público, el compartido por todos y por la celebración, la participación, el intercambio. En Francia, en Japón, en Portugal y en Chile encontraremos estas obras, en plazas y áreas abiertas, cargadas de diferentes historias y contenidos, que nos remiten a las nociones principales de la sociabilidad. Nos invitan también a repensar el papel del juego y la de imaginación en las narraciones colectivas, fantásticas a veces, de alto contenido simbólico siempre. Así, nos encontramos ante imágenes cuya apropiación nos es facilitada desde el primer momento pero que adquieren características de monstruosidades risueñas, de seres creados en los jardines de la invención y del buen humor. En ocasiones, nos permitirá pensar en motivos y coloridos propios de la calle que artistas como Keith Haring o Kenny Scharff nos descubrieron en el ámbito de las artes en los años 80. Nos recordarán también la habitabilidad de las esculturas de Nikki de Saint-Phalle o la sensualidad de los collages de Hannah Höch a principios de los años 20. Todo ello condensado en una visión holística de la relación de los individuos entre si y en espacios determinados, reales o imaginados.

A principios de 2005, Federica Matta, finalmente, llevará a cabo, por invitación de la asociación Kanoon, y en colaboración con la escritora Nahal Tajadod, un proyecto de colaboración con poetas y niños en diversas ciudades de Irán que expresa claramente el interés de la artista por el poder y la necesidad de la palabra poética. El proyecto La Caravana de los Poetas consistió en la realización de banderas con poemas persas y franceses realizadas por el artista mezcladas con aquellas realizadas por niños de las diferentes ciudades y lugares donde el proyecto se fue desarrollando. Insignias para la palabra, velas para los poemas, motores para “hacer volar la poesía” y situarla en un estado nómada pero cercano a los individuos. Sabemos que la poesía no es hecha sólo para ser leída sino para ser dicha, hablada, susurrada o gritada. “La poesía como única arma”, decía Pablo Neruda,… En esto caso, debemos recalcar el carácter participativo, imprevisible también, del proyecto y sobretodo su aspecto móvil, itinerante, nómada.

Es un pensamiento nómada el que anima la obra de Federica Matta, nómada y viajera constante ella misma, ciudadana del mundo capaz de absorberlo todo de los lugares y de devolverles forma, color, juego y narraciones en cada una de sus obras.

 

Bartomeu Marí / diciembre de 2005.

 

 

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